El final de la guerra y la fuga hacia el sur
En mayo de 1945 el Tercer Reich colapsó. Berlín quedó en ruinas, los campos de concentración se abrieron al mundo y comenzó la caza de criminales de guerra.
Miles de miembros del régimen nazi intentaron desaparecer. Algunos fueron juzgados en Núremberg; otros escaparon por redes clandestinas conocidas como Ratlines, con pasaportes falsos, contactos en la Iglesia y cómplices en embajadas.
Argentina, con su enorme comunidad germana, su distancia del escenario europeo y políticas migratorias permisivas en los años cuarenta, se convirtió en uno de los destinos más buscados.
¿Por qué Bariloche?
Imaginá llegar desde una Europa destruida y encontrarte con un pueblo de madera junto a un lago turquesa, con techos de pizarra, colegios bilingües y un club andino fundado por montañistas alemanes. Eso era Bariloche en los años cuarenta y cincuenta.
Mucho antes de la guerra, la ciudad ya tenía fuerte impronta alemana, austríaca y suiza: arquitectura alpina, hoteles de lujo, escuelas en alemán y una colonia europea activa en actos sociales, deportes de montaña y comercio.
Para quien llegaba con identidad falsa, no era un rincón cualquiera: era un lugar donde hablar alemán no levantaba sospechas, donde podías integrarte a una red social respetable y, de paso, quedar lejos de los tribunales de Europa.
Don Erico: la vida de Erich Priebke en Bariloche
Si hay un nombre que une Bariloche con la historia nazi de forma indiscutible, es el de Erich Priebke.
Oficial de las SS, participó en marzo de 1944 en la Masacre de las Fosas Ardeatinas, en las afueras de Roma: 335 civiles, incluidos judíos, prisioneros políticos y soldados italianos, fueron ejecutados en represalia por un atentado de la resistencia contra una columna alemana.
Priebke huyó por las Ratlines, llegó a la Argentina hacia 1948 con el nombre de Otto Pape y recuperó su identidad real unos años después. Se instaló en Bariloche y construyó una vida que, lejos de ser clandestina, era visible.
Hoteles, fiambrería y el «barrio alemán»
Al principio trabajó en hoteles emblemáticos como el Catedral y el Bellavista. Después abrió la Viena Delicatessen, una fiambrería y delicatessen que se convirtió en punto de encuentro de la colonia germana.
Según reconstrucciones periodísticas locales, el local estaba en la planta baja de un edificio en la zona del Club Andino Bariloche, subiendo hacia el barrio Belgrano, el llamado «barrio alemán», en una calle que bordea la ladera frente al club. Hoy el edificio sigue en pie, pero la fiambrería ya no existe: pasó por otros rubros, como una agencia de viajes.
Caminar esa zona es extraño: es una Bariloche cotidiana, con comercios y casas de familia, donde durante años un criminal de guerra atendía el mostrador mientras los clientes lo saludaban como a cualquier vecino.
Primo Capraro y la doble vida respetable
Priebke no era un paria escondido. Fue figura central del Colegio Alemán, hoy Instituto Primo Capraro, presidió la Asociación Cultural Germano-Argentina y participaba de actos públicos. Muchos lo conocían simplemente como «Don Erico».
Vivía en un departamento del barrio céntrico. Cuando la prensa internacional lo encontró, en 1994, lo entrevistaron a la salida del colegio y también en su domicilio de 20 de Febrero N° 25, a pocas cuadras del lago.
La entrevista que lo delató
En mayo de 1994, el periodista estadounidense Sam Donaldson, de ABC News, llegó a Bariloche siguiendo pistas que otros colegas, entre ellos el argentino Esteban Buch, ya habían dejado sobre la identidad de Priebke.
La escena que dio la vuelta al mundo no fue un operativo policial: fue un hombre mayor saliendo del colegio, hablando con naturalidad frente a una cámara, reconociendo su pasado y repitiendo la frase que lo perseguiría: que solo había cumplido órdenes.
Otro ex nazi radicado en Bariloche, Reinhard Kopps, conocido como Juan Mahler, había señalado a Priebke en una entrevista previa. La ciudad, que durante décadas había convivido con esos rumores en voz baja, quedó expuesta de golpe.
Poco después Priebke fue detenido, extraditado a Italia y condenado en 1998 a prisión perpetua. Murió en Roma en 2013, a los 100 años.
Josef Mengele: Buenos Aires documentado, Bariloche en el rumor
Si Priebke es la historia barilochense comprobada, Mengele es la que más alimenta la imaginación.
Médico de las SS en Auschwitz, responsable de experimentos atroces, huyó a Sudamérica en 1949 con el nombre de Helmut Gregor. Lo que está documentado es su vida en Buenos Aires y alrededores: se instaló en la zona norte del Gran Buenos Aires, trabajó en comercios, legalizó su identidad en 1956 y permaneció en el país hasta aproximadamente 1960, cuando la presión judicial lo empujó a Paraguay y Brasil, donde murió en 1979.
¿Y Bariloche?
Acá la línea entre dato y mito se vuelve delgada. Investigadores como Abel Basti sostuvieron que Mengele habría estado en la Patagonia; archivos desclasificados recientes no lo ubican en la región con documentación sólida.
Pero los rumores persisten y tienen escenas concretas: se dice que reprobó el examen de manejo en Bariloche, que usó un alias en un hotel o que fue visto en reuniones de la colonia germana. Nada de eso está judicialmente probado, pero alimenta el misterio.
La historia más oscura del mito barilochense es la de Nora Eldodt, conocida como «Judith»: una supuesta agente israelí que, según versiones periodísticas, habría muerto en febrero de 1960 en el Cerro López, cerca de Bariloche, mientras supuestamente rastreaba a Mengele. El caso mezcla espionaje, montaña y silencio oficial. Es leyenda urbana para unos, pista real para otros.
¿Hitler en la Patagonia? Los lugares del mito
Acá entramos en territorio de leyenda pura, pero leyenda con coordenadas en el mapa.
Durante décadas circularon teorías, reforzadas por libros como los de Abel Basti o la controvertida hipótesis del Grey Wolf, que sostienen que Adolf Hitler no murió en el búnker de Berlín en 1945, sino que escapó en submarino hacia la Patagonia.
Lo que dice la historia oficial
La gran mayoría de historiadores sostiene que Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945 en Berlín. Hay testimonios, restos forenses y consenso académico. No hay prueba verificable de su presencia en Argentina.
Los lugares que alimentan la fantasía
- Residencia Inalco (Villa La Angostura): mansión alpina diseñada por Alejandro Bustillo en 1943, a unos 7 km del centro sobre la ruta 231. En las teorías conspirativas es el «Berghof patagónico», el refugio de lujo donde Hitler habría vivido. Hoy es propiedad privada y no siempre se puede visitar por dentro, pero se la ve desde el lago, desde excursiones lacustres o desde la ruta.
- Estancia San Ramón (zona de Bariloche): en algunas versiones del mito, Hitler habría tenido su primera parada patagónica en esta estancia, antes de trasladarse a refugios más exclusivos.
- Estancia Inalco / Chacabuco: otras narrativas ubican pasajes clandetinos en estancias aisladas del Nahuel Huapi, lejos de miradas indiscretas.
- El lago Nahuel Huapi: barcos, bahías escondidas y la sensación de estar al fin del mundo completan el escenario perfecto para una fuga de película.
Ir a Villa La Angostura, navegar el lago o recorrer rutas hacia estancias históricas no demuestra nada… pero entendés por qué tantos visitantes se quedan mirando las montañas preguntándose «¿y si fuera cierto?».
Recorrido: lugares para visitar (e imaginar la historia)
Estos puntos mezclan historia real y mito. Caminarlos ayuda a entender por qué Bariloche quedó marcada en la memoria mundial.
Hechos documentados
- Instituto Primo Capraro (ex Colegio Alemán): donde Priebke fue autoridad y donde lo entrevistaron periodistas.
- Zona Club Andino / barrio Belgrano: área donde funcionó la Viena Delicatessen de Priebke.
- 20 de Febrero y alrededores: barrio céntrico donde vivía cuando lo encontraron.
- Centro Cívico y Museo de la Patagonia: para contextualizar la colonia europea, el turismo y la Bariloche de mediados del siglo XX.
Territorio del mito (sin pruebas, pero muy sugerente)
- Residencia Inalco, Villa La Angostura: la «casa de Hitler» del folclore conspirativo.
- Cerro López: paisaje del rumor sobre Mengele y la supuesta agente «Judith».
- Navegación por el Nahuel Huapi: la misma vía lacustre que alimenta fantasías de submarinos y refugios secretos.